Dioses menores. Gregory Peck.

Hace muchos años, en una de aquellas Sesiones de tarde sabatinas de Televisión Española, tuve ocasión de visionar Horizontes de grandeza (The Big country, en versión original. William Wyler, 1958).
Inicialmente me sentí un tanto decepcionado al constatar que aquella no era una peli de tiros. No habría indios ni séptimo de caballería, a pesar de su apariencia inicial de western de acción.
Por aquellos tiempos tendría yo unos diez o doce años, y me resigné a ver la película de todas maneras. Hay que tener en cuenta que en aquella época no había más opciones, aparte de Televisión Española. La era pre-mando a distancia, ya sabéis.
Peck interpretaba a un apuesto capitán de barco que se promete en matromonio con la hija de uno
de aquellos ganaderos que poseían ranchos interminables y millones de cabezas de ganado. Multimillonario, por supuesto. Un hombre rudo y hecho a sí mismo, que había ascendido desde la nada dejando un reguero de trapos sucios.
Su hija (una deslumbrante Carroll Baker) era una belleza salvaje que se había enamorado del
atractivo marino durante uno de sus viajes.
Peck llegaba de la mano de su prometida a aquel mundo ajeno e inhóspito, de praderas interminables y polvorientas y hombres tan duros y ariscos como el paisaje.
Las tensiones no tardaban en aflorar, naturalmente. Aquel tipo estirado que usaba camisas de hilo se había llevado a la hija del jefe, y los vaqueros no se lo habían tomado bien, así que querían bajarle los humos.
Empezaban a ponerle a prueba, esperando que se viniera abajo y demostrara que no era más que un flojeras del este. Todo muy típico. La animadversión generalizada se personificaba en un rudo Charlton Heston, que interpretaba al capataz del rancho. Cuando compartían escena saltaban chispas.
La cosa culminaba cuando le desafíaban a montar un caballo muy bruto que tenían en el rancho, y ahí es donde la peli se ponía interesante.
El personaje de Peck
se niega a entrar en el juego en lugar de sucumbir a la presión, para desolación de su prometida y deleite de los vaqueros. Ella se lo recrimina, y él le recrimina que necesite la aprobación de aquellos paletos. Aunque no lo dice así, por supuesto.
Sin embargo, lo más interesante acontece cuando Peck sale de la casa a escondidas, una noche, y monta el caballo sin que nadie lo sepa. Todo un duelo de caracteres que acaba ganando el marinero. Una victoria mítica y sin testigos, exceptuando a su propia
conciencia. Y al caballo, claro.
Aquello me impresionó tanto que Peck se convirtió para siempre en uno de mis actores preferidos. Al fin y al cabo, necesitar la aprobación de los demás por encima de la nuestra propia no deja de ser una forma de sumisión. Una herencia de cuando vivíamos en las cuevas y era necesario dejar claro si eras un macho alfa o un beta, por aquello de evitar confusiones. En todo caso se necesita mucho valor para llevar tan lejos los principios. Mucho más que para montar un caballo excepcionalmente arisco. Que se me quedó grabado, aquello, para entendernos. Me impresionó cien veces más que si les hubiera bajado los humos a los vaqueros.

Peck acababa desencantándose de su prometida y se enamoraba de una maravillosa Jane Simmons, que interpretaba a una maestra de la escuela local que le entendía mejor que todos aquellos tipos cubiertos de polvo, incluída su prometida.
También hay una memorable pelea a puño limpio, otra vez sin testigos, en la que Peck le demostraba a Charlton Heston que no era manco cuando le tocaban las narices.
Peck fue un actor extraordinario y versátil, capaz de encarnar al capitan Achab, de
Moby Dick, al General McArthur, al siniestro y atroz Doktor Mengele o al protagonista de la mítica Matar a un ruiseñor, y de hacerlo además de forma que sus interpretaciones crearan antecedentes dificilmente superables.
Fue un tipo discreto y de una elegancia genuina.







Peck en Duelo al sol, haciendo de malo. Un malo, eso sí, con un corazón muy peculiar.

"Vacaciones en Roma"

La vespa de Vacaciones en Roma






Interpretando al Capitán Horatio Hornblower




Peck ganó el premio Oscar de 1.963 por su interpretación del abogado Atticus Finch en Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan.



En "Los cañones de Navarone", junto a David Niven.


Su controvertida interpretación del Doctor Mengele en Los niños del Brasil.

Interpretando al General McArthur, uno de sus papeles más notables.

Moby Dick

Moby Dick se rodó casi integramente en Las Palmas de Gran Canaria, en 1955.
Allí se construyó una gigantesca maqueta de la ballena blanca.








En sus memorias, John Huston cuenta que una de las escenas más impactantes de la película, en la que el capitán Ahab, una vez muerto, mueve el brazo a causa del vaivén de las olas y parece invitar a los marineros a que le sigan, surgió como una casualidad, pues no aparecía en el guión original.

El reparto. A la derecha, Huston.

Peck, preparado para interpretar al capitán Ahab.


John Huston, el director.

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