
La Reme

Diario de un caníbal
El Inicio
Sucumbí a mi destino de forma espontánea e inesperada, como ocurren las mejores cosas que nos pasan en la vida. Yo debía tener unos 17 años. Fue en una playa de Fuerteventura, a mediodía. Kilómetros de arena pálida y solitaria.

Yoko (Caníbal 2)
Enseguida te vienen a la cabeza escenas de meñiques seccionados, japos con gafas de sol que sacan una pistola de la sobaquera y ese tipo de cosas.
La primera imagen que me formé, por lo tanto, fue la de una señorita de poca estatura enfundada en un rígido kimono, caminando a pasitos muy cortos mientras provocaba un rumor de sedas antiguas y venerables. En mi imagen, la dulce muchacha llevaba las manitas ocultas en las mangas y sonreía mucho, aunque llevaba una espada de samurai afilada y reluciente oculta en algún pliegue de la ropa. Su rostro, metódicamente maquillado de un blanco impecable, giraba lateralmente de forma muy graciosa, como una mantis, y de su diminuta boca, pintada como una cerecita sonriente, salían tintineantes advertencias.
Por todo eso, cuando abrí la puerta y Yoko me dio la mano sin dejar de sonreír, como si fuera una azafata bien adiestrada, yo me quedé un tanto desconcertado. Ya me habían advertido que estudiaba derecho internacional, que sólo hablaba inglés, que era muy simpática y que estaba muy solicitada. Yo me había mostrado reticente cuando me informaron de que Carmen, la de siempre, la que sabe lo que me gusta, y cómo y cuando, estaba de vacaciones y que iba para largo. Así que bueno, ahí estábamos. Yoko y yo.
Se guardó el dinero en un diminuto bolso de plástico amarillo, con un gesto muy gracioso de su pequeña mano. "Casa muy bonita, yo gusta", dijo, riéndose. No paraba de reirse, era muy agradable. "Yo empiesa ahola, sí", decidió. Me indicó por gestos que me sentara en el sofá, se colocó unos auriculares diminutos y empezó a bailar, sin demasiada gracia aunque con encomiable entusiasmo, mientras se marcaba un striptís (ahora se escribe así). Casi no me dio tiempo a recuperarme de la sorpresa que me causó el tamaño de sus tetas, porque Yoko, cuando se terminó la canción, se abalanzó sobre mi bragueta como si alguien la hubiera empujado por detrás. Antes de que pudiera recuperarme del sobresalto me había sacado el pájaro y lo estaba cubriendo con un condón de color rosa que olía a chicle de fresa.

Fue como si hubiera metido la polla, por accidente, en el orificio de un aspirador industrial. Yoko enía un estilo entusiasta, por decirlo así, y giraba la lengua alrededor del glande con una pericia y un vigor encomiables. Era una lengua sobrehumana, como un animalito joven y bien adiestrado. Al mismo tiempo me sujetó los huevos con sus deditos delgados, cuyas uñas, larguísimas y pintadas de dibujitos hechos con purpurina, rozaban la piel como una suave amenaza. Tal vez algún cliente, asustado por su estilo vehemente, hubiera intentado escapar sacando la polla de allí.
Yoko hacía un ruidito muy curioso, como de lechoncito mamando, y movía la cabecita adelante y atrás con mucha suavidad. En aquel momento me entró un tremendo arrebato de ternura. Era una chica encantadora, y su pelo olía muy bien, como a jazmín. Antes de correrme le acaricié la nuca. No pude evitarlo. Hacía mucho que no me corría así. Hasta ví estrellitas y me mareé un poco. Yoko se levantó, sonriente y guiñando los ojitos, muy satisfecha. "¿Tu gusta?", dijo. Era una preciosidad. En aquel momento me di cuenta de que no me daba la gana de que se lo hiciera nunca a nadie más. Pensé con cierta ternura lo pequeña y frágil que se vería en el doble fondo de la furgoneta, y tomé nota mental de que debía llevarme el libro de cocina, porque no recordaba la receta de la lengua de vaca a la vinagreta.

Lengua de vaca a la vinagreta:
Hervir una lengua de vaca en abundante caldo con sal y verduras hasta que quede tierna.Retirar del caldo, escurrir y entibiar.
Pelar toda la lengua, y retirar adherencias. (Hay quienes vuelven a darle un hervor luego de sacarle la piel)
Ya limpia, cortar en rodajas finas y preparar la vinagreta con ajo, perejil y huevo duro, bien picaditos, además del aceite y el vinagre. Esta vinagreta cubre las rodajas de lengua, que se colocan en una fuente de vidrio , luego se tapa y se lleva a la nevera hasta poder servir como fiambre.
En ciertas zonas, la salsa se completa con cebolla picada y trocitos de aceitunas.
P.D. Usad un pellizquito de cilantro, es el toque magistral.
La mayoría de las mujeres, en el fondo, quieren conquistar al macho dominante de la manada. Eso les da seguridad y prestigio, a ellas y a la prole. Y no me refiero al más chulo. La chulería suele ser sinónimo de inseguridad latente. Pero aparte de eso, algunas mujeres buscan en su pareja a un padre, y otras a un hijo. La mayoría son niñas perdidas o madres frustradas, en mayor o menor grado. Y los tíos igual, o peor. Generalmente mucho peor. Hay pocas personas que estén capacitadas para amar sin involucrar sus neurosis en el asunto. Las madres frustradas acaban cansándose de su papel antes que las niñas perdidas. De hecho, leí que aquello que nos atrae inicialmente de una persona es lo que acaba hartándonos. Es como adoptar un cachorro.
Al principio resulta exótico y entrañable. Incluso estimulante, ya sabéis. Alivia, para entendernos. Pero sólo al principio. Cuando te das cuenta, el cachorro se ha vuelto caprichoso y egoísta. Muy egoísta. Y encima se te quiere follar.
Las que buscan a su padre también suelen cansarse, tanto las que buscan a un padre amable y protector como las que buscan a un padre autoritario. En fin, qué os voy a contar.

A C.C. la seduje dándole lo que ansiaba. Bueno, lo que ella creía que ansiaba. En realidad casi nunca deseamos de verdad lo que creemos que deseamos. Lo que buscamos es aliviarnos de nuestras neuras. Ella quería que volviera su padre. En fin.
Me convertí en su padre, y el día que conseguí llevarla a mi casa le hice uno de mis masajes especiales. Hay que empezar lamiendo los dedos de los pies y después el empeine, e ir subiendo por las pantorrillas, en sentido helicoidal Con las manos bien untadas de crema hidratante le masajeas los músculos, pero los dedos deben ir al mismo ritmo que la lengua. Eso es esencial. Sin prisas. Si hace falta una hora te tiras una hora, pero sin prisas. Recorriendo la piel como una patria reencontrada, o como una peregrinación. Que se note que es hermoso para ti, porque eso se transmite. Es aconsejable detenerse detrás de las rodillas. Para cuando llegas al clítoris se corren enseguida. Las velas y la música suave son indispensables, y también la temperatura elevada en la habitación.
Por cierto, ¿sabéis qué parte del cuerpo humano se comen primero los tigres devoradores de hombres? Los glúteos y la parte de atrás de los muslos. Músculos voluminosos y bien fibrados.

B.M. Caníbal 4
B.M. me volvía loco. Era una de las personas más inteligentes que he conocido, y las personas inteligentes me gustan mucho. A muchas me las he comido sólo por eso, por su inteligencia.
Sus padres tenían un montón de pasta y ella se pasaba el día drogada, pero era un auténtico portento.
B.M. No buscaba un padre ni un hijo, era de las que buscan un gato. Sí, ya sabéis, alguien que esté con ellas pero sin dar la lata. Alguien independiente. A B.M. le fastidiaban los llorones, y era un mal asunto porque se pasaba el día follándose tíos que después querían monopolizarla, más que nada para seguir follándosela en plan exclusivo. Le gustaban los de gimnasio, preferiblemente impulsivos, pero sólo para catarlos. No repetía casi nunca, y eso que padecía una especie de furor uterino y se pasaba el día acosando a la gente para acostarse con ella.
Si tenía el día excéntrico se lo hacía con alguna tía, para cambiar de aires.

Tuve que tragar mucho y jugar fuerte, pero al final me convertí en indispensable para ella. Ni os imagináis cómo puede llegar a querer a su gato una persona como B.M., que en el fondo no soportaba a las personas.
Y entonces me volví mezquino y egoista, como los gatos. Un auténtico déspota.
No fue por crueldad, no os vayáis a creer, fue por pura coherencia. Yo ya estaba metido en el papel, y si hubiera actuado de otra forma B.M. se hubiera decepcionado.
Me pasaba el día follándomela. Me encantaba hacérselo por detrás, porque su culo era prácticamete perfecto. Cuanto más a lo bestia se lo hacía más le gustaba a ella. Era la primera vez que un tío la dominaba, y eso la trastornaba. Intentaba ser cruel conmigo y hacerme daño.

Se follaba a un tío al que yo conocía, o se la chupaba a algún amigo común, y entonces yo desaparecía. Al cabo de un par de días ella venía a buscarme, arrastrándose y suplicando, hasta arriba de mescalinas, que era lo que se metía. Peyote mexicano, etiqueta negra. Si es del bueno no crea adicción, y es la droga de los dioses. Hasta los aztecas lo usaban para sus rituales.
En fin, si habéis visto alguna vez a alguien buscando a su gato desaparecido, realmente angustiado, ya me entenderéis si os digo que después de aquellas reconciliaciones eché los mejores polvos de mi vida. Ella se abría para mí como una flor.
Lubricaba tanto que ponía perdido el sofá de cuero, y a veces tenía unas contracciones vaginales tan violentas que hasta me hacían daño en la polla. Yo me volvía loco con ella. Le metía los dedos en el culo y en la boca. Una vez se me fue la mano y estuve a punto de arrancarle una oreja de un mordisco.

Hasta le di por culo en una playa de Ibiza, con la polla llena de arena, mientras la masturbaba y le susurraba cositas al oído. Versos de Benedetti, sobre todo.

Ella se corría enseguida y después se ponía a llorar, me abrazaba y me acariciaba los cojones con su manita. La verdad es que al final B.M. estaba ya muy mal. Pero me acuerdo mucho de ella, aunque yo sólo fuera un gato egoísta.
Photos by Lycos
Una recomendación para el sofrito: Si añadís una cucharada sopera de paté de foie le daréis un toque estupendo.
Nunca supe si era por su corpulencia o porque era cierto que podía tumbar una nevera de una patada. Tampoco tuve huevos de preguntárselo, así que me quedé con la duda.
A Helga y a su prima, que también se llamaba Helga, las conocí en la despedida de soltero de mi amigo Fernando. A mí la que me gustó fue la otra, la Helga pequeña. No es que fuera pequeña, era bastante normal, pero al lado de su prima, de la nevera, parecía un gnomo o algo así. Bueno, ella y cualquiera. La nevera había sido campeona de halterofilia, pero se jodió una rodilla y se metió en el asunto del cine porno y de las despedidas de soltero. Decía que no valía para estar detrás de una mesa. Prefería levantarlas a peso, con su prima encima. Hicieron un número cojonudo, rollo dominanta y tal.
Pero bueno, lo que os decía, a mí me gusto la prima, la pequeña. Le di con disimulo mi número de teléfono y le dije que si quería hacerme un pase privado le pagaría lo que quisiera. Al día siguiente se presentó en casa, con su carita de turista despistada y una minifalda de cuero pasada de moda. El día antes me había puesto tan cachondo que se la metí por detrás en en recibidor mismo, levantándole la faldita, mientras ella se apoyaba en el escritorio de madera de raíz de cerezo que me legó mi madre. No le dio tiempo ni de guardarse en el bolso los 500 euros y ya estaba amorrada contra el espejo, arriba y abajo, aguantando mis empujones.
Al día siguiente empezaron mis problemas, porque apareció la nevera en mi casa. Bueno, venían las dos, aunque yo sólo vi a la pequeña. La nevera estaba a un lado de la puerta para que yo no la viera por la mirilla. Cuando abrí, la nevera me agarró del cogote y me levantó un palmo del suelo. Me dijo algo acerca de haberme follado a su prima con mi polla de maricón, o algo así. No lo entendí muy bien porque ella hablaba un español muy raro y además yo me estaba ahogando. Cuando vio que me estaba poniendo lila y que empezaba a babear me soltó. Me pegó un discurso rarísimo, mientras agitaba el índice delante de mi nariz. Después le pegó una colleja a a enana y la sacó a empujones del piso. Y ahí empezó mi drama. Por lo que entendí, la nevera decidía con quién se acostaba su prima, y me dijo que ahora yo debía hacérmelo con ella y pagarle otros 500. Yo estaba flipando, y además seguía sentado en el sofá intentando tomar aire. La nevera se desnudó sin hacer numerito ni nada y sacó una bata con volantes de una bolsita del supermercado. Después apagó las luces y empezó a bailar.
La verdad es que la tía tenía bastante gracia para moverse y una enorme sensualidad natural. Tenía verdadera disctinción, para entendernos. Y eso no se aprende. Era una mujer muy femenina atrapada en un cuerpo demasiado grande. Aunque una vez desnuda era mucho más proporcionada de lo que me había parecido el día antes. Al final me agarró en brazos, me puso el condón y ella misma se metió la polla sin que yo llegara a tocar el suelo. Me manejaba como si yo fuera un artefacto comprado en una tienda, y eso que peso casi 80 kilos. Fue algo bellísimo. Me abandoné al cataclismo natural, a la fuerza de la naturaleza que era la nevera. Cuando se corrió pegó un grito y me apretó contra sus pechos. Yo acabé llorando de emoción. Nunca me había sentido tan resguardado y tan a salvo con una mujer.
Nos hicimos muy amigos. A mi me gustaba hablar con ella. Me interesaban de verdad sus cosas, porque ella me gustaba de verdad. Nos íbamos al barrio viejo a tomar copas de vino. Me hablaba de sus padres y de su infancia, y al final me tomó mucho afecto. Una vez le partió la mandíbula e un codazo a un segurata que me pegó un empujón. En serio, al tio le quedó la barbilla justo debajo de la oreja.
Las cosas se jodieron por culpa de un peluche. En serio, un peluche. Uno que tenía su prima y que usaba para los numeritos. Era muy grande, y la prima hacía como que se lo tiraba. Eso mi me ponía a cien. Y la prima estaba celosa de la nevera, eso era lo malo. Celosa en plan profesional, quiero decir. Estaba acostumbrada a ser la estrella. En fin, un día la prima apareció en casa con el peluche. Yo aguanté dos minutos justos antes de tirarme sobre ella.
La nevera se enteró, porque su prima le fue con el cuento, claro. Era muy arpía, la enana. Logré salvar la amistad con la nevera, y con la arpía de la enana probé el wok que me regaló mi madre.
Un postre fácil y simpático: Pelad una naranja fría, colocadla en un plato de postre o un tazón y bañadla en chocolate negro fundido. El contraste de temperaturas y sabores es una delicia.
Caníbal 6 (Mi prima Vero)
Mi prima Vero era la tía más cerda que he conocido nunca. En realidad somos primos segundos, pero solíamos pasar los veranos juntos en casa de mis tíos y nos queríamos mucho. Por aquel entonces se nos despertaban ya las hormonas, y se supone que debíamos haber sido nosotros los que la persiguiéramos a ella, que a los 14 años ya estaba buenísima. Al fin y al cabo los chavales tienen como 15 veces más testosterona a los 14 que a los 40. Y sí, es cierto que nos pasábamos el día hablando de tías y haciéndonos pajillas, pero es que mi prima era la leche. Si te descuidabas te acorralaba y te metía mano. Le encantaba tocarnos la pollita. Nos decía "espera, espera", y nos la toqueteaba mientras sonreía con los ojos cerrados.
Un par de veranos después empezó a ir con los chavales del pueblo, de 17 ó 18 años, y fue pasando de nosotros. A veces nos la encontrábamos en una terraza del paseo marítimo, rodeada de chavales que ya tenían moto y que la rodeaban como lobos babosos. A ella le encantaba ponerlos cachondos. Por la noche se la llevaban a la playa.
Yo debía tener como 17 años el día que me prima me pidió que le meara en la cara.
Yo me enamoré de ella, claro.
Después de aquello no volví a verla en mucho tiempo. Ella empezó a dedicarse a lo que le gustaba en plan profesional, se fue a Madrid y pasó de mi y de todos.
Salió en revistas y acabó haciendo alguna peli. "Meadas calientes" es la más conocida, igual os suena.

Conseguí su número y la llamé, una vez que fui a Barcelona. La tía me quiso dar esquinazo, en plan borde. Supongo que ya tenía quien le meara encima. De todas maneras me presenté en su casa con una botella de vino. Tenía una mierda de cerradura, tal y como me había imaginado. Siempre había sido muy agarrada con el dinero. En fin, la verdad es que ni siquiera me caía bien.

K.T. estaba enamorada de un italiano. Un tío alto de pelo engominado y barba de dos días. Se vestía muy bien, el cabrón, y era cinturón negro de karate. Tenía malas pulgas, y tal. Era un protomacho, un macho alfa. Genéticamente diseñado para cubrir a las hembras de la manada. K.T. tenía mucha personalidad, pero había decidido someterse a aquel imbécil. Ella era así, muy cerebral incluso para perder la cabeza, y le había elegido a él para que hiciera con ella lo que quisiera. El "amour fou", que decía. K.T. tenía una visión romántica del asunto. El tío acabó pasando de ella y se lió con una azafata belga.
Por aquel entonces K.T. y yo éramos muy amiguetes. Me invitaba a su apartamentito y bebíamos cerveza en silencio hasta que empezábamos a ver doble. Ella aguantaba más que yo, así que casi siempre acababa tapándome con una manta y dejándome dormido en el sofá. A veces me besaba en la frente. Nunca hablábamos mucho. Cuando estaba jodida no le gustaba hablar, pero tampoco le gustaba estar sola. Yo estaba con ella, mirando al suelo y bebiendo cerveza hasta que veía doble. Creo que me enamoré de ella.
Un día, K.T. se fue al apartamento del italiano y empezó a llorarle y a decirle que no podía vivir sin él. Me contó que llevaba un vestido de Prada y guantes de cuero. El italiano no se resistía a las tías vestidas de prada y con guantes de cuero. Mientras el tío se la estaba follando, K.T. le hizo una llave de judo y le aprisionó el cuello con las piernas. Por si no lo sabéis, tardamos unos 15 segundos en perder el sentido si nos cortan el riego sanguíneo que va a la cabeza. Más o menos, porque depende del tamaño del cerebro y de las pulsaciones, aunque cuando te agarran el cuello y te estrangulan lo normal es que te pongas nervioso y se te disparen las pulsaciones. Cuando el italiano se desmayó, K.T. lo tiró por el balcón. El puto italiano acabó con la cabeza incrustada en el techo de un Lancia Delta Integrale. Una pena, porque era un coche cojonudo que ya no se fabrica.K.T. se volvió a poner las bragas sin quitarse los guantes y se dio el piro.
Al día siguiente me lo contó todo mientras bebíamos cerveza. Lo hizo para justificarse, porque pensaba volverse a Londres. Yo me puse muy triste. K.T. me caía demasiado bien como para comérmela, así que le pregunté si podíamos acostarnos juntos. Ella me dijo que sí con la cabeza, con los ojillos brillantes, y me di cuenta de que hacía tiempo que tenía ganas y que no se había atrevido a pedírmelo. Nos tiramos horas casi sin movernos, y ella me lamía en el cuello muy dspacito y me acariciaba la cabeza. Me dijo que le gustaba mucho el sabor y el tacto de mi piel. Fue uno de los mejores polvos de mi vida. Al día siguiente la acompañé a Barajas y nos despedimos con un apretón de manos. Mientras desaparecía por la puerta de embarque, con aquel paso tan decidido, casi me arrepetí de no habérmela comido.
Ahora está en Ibiza, creo. A veces me manda postales. Es un cielo de chavala y espero que le vaya muy bien.

Para compensarlo decidí comerme a la azafata belga, aunque eso es otra historia.
Ceguera

Relato erótico
El diagnóstico parecía definitivo: la enfermedad no tenía marcha atrás. Poco a poco iría perdiendo la vista y en tres o cuatro meses como mucho quedaría en la más absoluta oscuridad. Ciego el resto de mi vida. Desde un principio intenté no perder la cabeza, hubiera sido mi perdición, así pues lo acepté como una jugada más del destino. Ciegos los hay en todas partes y estoy seguro que son mayoría los que no desean perder la vida por su condición.
A ciegas (Colaboración de G.A.)
Cuando el año pasado la agencia abrió sucursal en Moscú mi jefe aprovechó la ocasión para deshacerse de mí y con la excusa de rentabilizar los cursos de lengua rusa que la empresa me había estado pagando durante cinco años, me ofreció un ascenso como supervisora. Vale, me duplicaban el sueldo, pero suponía pasar dos semanas en Madrid y una en Moscú. Casi casi vivir en un avión, vaya. Había que verle la cara cuando le dije, con la mejor de mis sonrisas, la ilusión que me hacía ese trabajo. Es que se descompuso entero. Claro, que yo casi vomito cuando salió de mi despacho de tanta bilis que me había estado tragando. En fin, que hice de tripas corazón y al mes bajaba de la escalerilla del avión con una maleta minimalista y un diccionario de bolsillo.
El primer día de trabajo resultó tan duro como esperaba así que cuando crucé las puertas del edificio de apartamentos que la agencia me había proporcionado, sólo soñaba con una ducha caliente y meterme en la cama para dormir. En el ascensor había un vecino pero ni le miré; estaba tan cansada que me puse de espaldas a él mirando fijamente las puertas hasta que el ascensor se detuvo entre dos plantas sin previo aviso. Entonces recordé que mi secretaria me había comentado los habituales cortes de luz que estaban sufriendo últimamente en la ciudad y maldije mentalmente a mi jefe y a la madre que le parió.
Busqué en el bolso algo que pudiera iluminarme mínimamente y no encontré nada así que intenté relajarme. Me había olvidado totalmente de mi vecino cuando éste me preguntó si me encontraba bien. Al oírle se me erizó la piel pero me contuve. Tenía LA VOZ, ésa que hace que yo no sea yo y me comporte como una perra en celo. Como no le había contestado me repitió la pregunta y entonces ya no pude más y me di la vuelta buscando su polla con la mano. No sé si se sorprendió, porque no se veía nada, pero respondió con energía, como me gusta. Me abrió la blusa para acariciarme los pezones, ya durísimos, y me subió la falda hasta la cintura. "Sigue hablando" le susurré, y obedeció mientras yo me agachaba y le chupaba la polla. Sólo dejó de hablar cuando me puso a cuatro patas y me lamió por encima de las bragas pero a esas alturas ya estaba tan excitada que no habría parado aunque hubiese cambiado la voz repentinamente y hablara como Chiquito de la Calzada. Me penetró por detrás sujetándome las tetas con las manos y se corrió con un gemido un tanto gutural.
El ascensor se iluminó cuando ya nos habíamos vestido. Yo había vuelto a colocarme de espaldas a él y me estaba abrochando la blusa. No quise volverme a mirarle y cuando el ascensor llegó a mi planta me besó la cabeza susurrando un "hasta luego".
La semana pasó en un suspiro y cuando volví a Madrid no le conté a nadie la aventura del ascensor porque me daba vergüenza haber caído en una situación tan típica. Pero que no lo hablara no quiere decir que no lo recordara y cuando me tocó regresar a Moscú me descubrí cerrando los ojos al entrar en el ascensor. Al pasar la primera planta me reí mentalmente de mí misma por haber creído que aquella fantasía podría ocurrir, y entonces la persona que estaba detrás de mi adelantó una mano, pulsó el STOP, el ascensor se detuvo, y las luces se apagaron. "Te he esperado todos los días" dijo mientras metía sus dedos bajo mis bragas.
Esa semana follamos en el ascensor todas las noches. Y dos semanas después también. Ahora ya me quito las bragas antes de salir del trabajo para que pueda meterme los dedos directamente nada más pulsar el stop. A veces lo hace incluso antes. Me levanta la falda, me separa el culo con las manos y me mete un dedo mientras para el ascensor con la otra mano. Eso sí, sin que yo me dé la vuelta, sin que le vea. De él sólo sé que es alto y delgado y que tiene una polla y, sobre todo, una voz que me vuelven loca. No sé más, ni me importa. Y el otro día, cuando me crucé con él por el pasillo de la agencia de Madrid, le planté un beso a mi jefe. En la cara, claro. Se quedó muerto.
Despacio (Colaboración de M&M)
Con un dedo la recorro, desde la nuca hasta la cintura
Levantas la cabeza pero no te giras
Dejas por un momento la pluma sobre la mesa y adivino que sonríes
Mis manos acarician tu espalda, suben de nuevo hasta tus hombros y se cuelan entre la camisa y tu piel para recorrer tu pecho.
Lleno tu cabeza de besos lentos
Desabrocho tu camisa sin prisas, entreteniéndome en cada botón
La dejo caer hacia atrás mientras recorro con mi lengua tu espalda desnuda, que se estremece con el contacto.

Sigo lamiendo tu espalda, despacio, hoy no tengo prisa y quiero disfrutarte entero.
En cuclillas mi lengua sigue el contorno de tu cintura a la vez que las manos desabrochan tu pantalón.
Dejo a mi lengua acercarse hasta tu sexo que comienza a arder, lo humedezco entero y lo saboreo despacio. Pellizco despacio tus pezones.
Tus manos se enredan en mi pelo acompañándome en mi festín.
Mis labios aprisionan y tu sexo responde erguido.
Lo dejo para humedecerte entero, tu vientre, ombligo, sigo por el centro hacía arriba. Mordisqueo tus pezones.
Separo mis piernas para sentarme sobre ti, buscándote con mi sexo, Tomo tus manos y las pongo sobre mis nalgas.
Te deseo…
Tu sexo en el mío, cabalgo sobre ti. Mis caderas se mueven y mis piernas te atan a la silla.
Busco tu boca para besarte, beso largo húmedo cálido. Dulce. Lenguas que se acarician con furia a veces, sumisas también.
Clavo mis ojos en los tuyos, sabes bien lo que te dicen.
Mi deseo está en ti, creciendo con el tuyo.
Tu lengua recorre mi cuello que se extiende hacía atrás
Aferro mis manos a la silla y dejando caer la espalda me muestro entera ante ti.
Los círculos que describe mi cadera sobre ti son cada vez más rápidos.
Me levantas y me tumbas sobre la mesa separando mis piernas. Recorres mi sexo con tu pluma de pavo. Todo mi cuerpo se estremece mientras tiemblo.
Ven…

Me haces esperar, sigues jugando con tu pluma sobre mí.
Levantas mis manos sobre mi cabeza y las sujetas mientras, sin esperarlo pero deseándolo con locura, te clavas en mí. Fuerte.
Mis dientes mordisquean tus labios y mi pubis se aprieta contra ti.
Mas …
Más fuerte, te pido
Gimo de placer. Tenerte de nuevo…
Deja que me de la vuelta, que me ponga de espaldas…
Me das la vuelta, llevo una de tus manos hasta mi sexo y la otra a mi ano. Con las mías separo los glúteos.
Sabes lo que quiero, lo sabes…
La espalda se mueve haciendo eses como una serpiente, esperándote
Juegas con mi clítoris golpeándolo despacio, haces que arda más todavía
Introduces un dedo por mi ano y un grito de placer acompaña los espasmos de mi cuerpo.
Sigues la línea de mi espalda con tu lengua
Ven, Ven,Ven…
Te pido que entres en mí y me complaces. Es mi deseo, tu deseo, nuestro deseo
Separo más las piernas y los glúteos para sentirte más adentro.
Así
Entero dentro de mí.
Gritos, gemidos
Sigue
Me gusta tenerte
No pares ahora
Dame más
Más, Más
Mis uñas se clavan en la mesa
Cada vez más fuerte
Me hablas de tu deseo al oído, tu voz se entrecorta entre mis gemidos y los tuyos.
Sujetas mi pelo entre tus manos sin dejar de golpear en mí.
Un poco más,
Solo un poco más
Todo mi cuerpo tiembla de placer
Decides salir de mí y te derramas en mi espalda, que recibe tu esencia con placer….
Te tumbas a mi lado en la mesa, boca arriba. Yo boca abajo cubierta de tu calor.
40 de Mayo

Buscando la belleza
No es un cuerpo escultural, producto de una genética privilegiada, o una imagen artificial víctima de unos cuidados excepcionales. Es un cuerpo más, un cuerpo de mujer.
La sinceridad de aquella naturaleza que se mostraba sin pudores ante una feminidad deseosa
de ser mostrada no admitía complejos, ni limitaciones de expresividad.El mayor erotismo de este instante no puede ser apreciado visualmente. Las caricias mutuas entre la sensibilidad de un cuerpo desnudo y la suavidad de una roca esculpida durante siglos por el mar eran la verdadera sexualidad de aquel momento; cada postura inducía un movimiento, y cada movimiento era un roce de placer.
Eva y Adán
Colaboración de Cool C.



Mali
Anoche, por encima de los rugidos de los animales, escuchamos rugir a Lorena. Primero fueron unos gemidos como de gata mimosa y poco a poco se fueron transformando en jadeos ansiosos hasta convertirse en una especie de rugido que finalizó en un grito ronco y, afortunadamente, breve. Cuando Lorena se calló volvimos a oír de nuevo los sonidos de los animales. Recuerdo que me di cuenta de que mientras escuchaba a Lorena no había oído nada más a pesar de que con toda seguridad las fieras habían continuado allí, ajenas a la fiesta de Lorena y Alfredo, ajenas a las decenas de oídos que estábamos pendientes de su juego sexual, ajenas a la excitación que me hizo poner mi mano entre las piernas.
Por la mañana me levanto muy temprano y desayuno con la hermana Rosa. Rosa Esteban de Ipacua nació en Navarra y lleva treinta años en África. Cuando llegamos pensé que hablaba tanto por el puro placer de escuchar hablar en castellano, y era cierto. Entonces me contó que cuando era pequeña vivía con sus padres y abuelos en un caserío en el monte y que un invierno en el que las nevadas fueron más abundantes de lo habitual llegaron unas monjas haciendo proselitismo por los pueblos. Las monjas pasaron dos días en el caserío y por la noche, después de cenar, contaban cosas sobre las misiones que tenían en África. Debieron contarlo muy bien porque Rosa decidió que quería irse con aquellas mujeres y conocer esos países en los que nadie tenía sabañones porque siempre hacía calor. Rosa pasó su infancia y adolescencia en el convento y cuando a los dieciocho años profesó y la mandaron a África pensó que había abandonado el mundo sin siquiera conocerlo y tuvo un poco de miedo. El miedo se le quitó a los dos meses de estar en la misión, cuando se dio cuenta de que en la selva es tan fácil perder la vida que no se pueden hacer planes, que lo único que se puede hacer es estar pendiente del momento, sobrevivir cada día.
Después de desayunar la hermana Rosa coge el jeep y se marcha a la central a recoger unos paquetes con medicinas, libros, y algunas herramientas. Me dice que pasará casi todo el día fuera y que volverá antes de que anochezca, pero que si necesitamos algo podemos ponernos en contacto por radio con el padre Sparks. Le digo que pierda cuidado, que no pasará nada. Vienen Lorena y Alfredo a desayunar y no sé cómo decirles que deberían ser más silenciosos en la cama porque no me gusta hablar y además Lorena me intimida bastante. Se lo insinúo y, como esperaba, Lorena se ríe a carcajadas mientras me pregunta si lo digo porque me dio envidia escucharles follar y querría unirme a ellos. Me sorprende ver que Alfredo se ruboriza ligeramente. Entonces le imagino penetrándome, aunque nunca se me había ocurrido antes, y la idea no me desagrada pero le digo a Lorena que si no se ha dado cuenta de que debería tener un poco de respeto por las mujeres de la aldea. Lorena no sabe a qué me refiero y le recuerdo que a estas mujeres les han practicado la ablación y algunas están incluso infibuladas. Se encoge de hombros y se va. Alfredo parece un poco azorado y dice “lo siento” en voz baja. Antes de irse me pone la mano en el cuello, justo bajo el nacimiento del cabello, y me acaricia suavemente unos segundos. Respiro hondo hasta que se marcha.
Paso la mañana fotografiando a los niños y después de comer me refugio del sol en la habitación. En realidad cada habitación es una cabaña hecha con barro y paja, y en ellas no hay nada más que una cama con mosquitero, un biombo, una silla y una mesa. Oigo la risa de Lorena en la cabaña de Alfredo y les pienso desnudándose mutuamente. Cuando Lorena empieza a gemir quedamente imagino a Alfredo acariciándome las tetas y el culo y me excito así que me quito la ropa para masturbarme en la cama pero cuando me voy a echar se abre la puerta de la cabaña y entran Mboi y sus amigas. Aquí las mujeres se casan muy jóvenes y Mboi y las otras cinco chicas que han entrado están solteras así que supongo que serán casi unas niñas pero es imposible calcular su edad porque son tan maduras que a veces me parece que son incluso mayores que yo. Se han acostumbrado a verme observarlas mientras muelen el grano, lavan, y hacen sus trabajos habituales, y les gusta que les haga fotografías. A veces les pido que me dejen participar en sus cosas y se ríen pero no me rechazan.
Mboi vuelve a pasar la lengua por el clítoris y vuelvo a gemir, y entonces lo coge con los dientes y comprueba que mis gemidos son más largos. Mete entonces un dedo por mi vagina y lo mueve, luego mete otro, y otro, y oro sin dejar de moverlos, sorprendida porque mi vagina se abre cada vez más. Estas mujeres nunca han visto un clítoris ni una vagina abierta. Hablan en susurros y otra de las chicas me mete suavemente un dedo por el culo y lo mueve como hace Mboi con sus dedos en mi vagina. No puedo dejar de gemir y la chica mete otro más. Mboi apoya su dedo pulgar, el único que no me está penetrando, en mi clítoris y tengo un orgasmo paralelo al de Lorena, que está gritando sin ningún pudor. Yo no grito, no emito ningún sonido, pero me agarro con fuerza al colchón y noto las contracciones de placer de la vagina y del culo que aprietan los dedos que me siguen penetrando hasta que mi cuerpo deja de estremecerse. Abro entonces los ojos y veo a Mboi que me mira fijamente con la cara llena de lágrimas.